Hasta ahora me han gustado todos los capítulos que me vi de
Black Mirror y este no es una excepción.
Hablando cinematográficamente, quiero destacar un momento
que noté solo cuando vi por segunda vez el capítulo: cuando Sara todavía es una
niña y va a por el cajón para coger galletas, aún así sabiendo que no le
dejaban comer mucho dulce. Esta misma
escena del cajón la vemos cuando la madre dejó la tableta para confiar en su
hija, ya que se había obsesionado con estar viendo todo el rato dónde estaba y
qué hacía. En esta escena vemos que la madre cae en la tentación de volver a
espiar a su hija con la Tablet y lo saca del mismo cajón de las galletas (donde
previamente fue guardado por la madre para que estuviera lejos de su alcance).
Por la trama me gustó mucho, a pesar de que cuesta
imaginarte los comportamientos de una adolescente que tuvo una infancia así de
controlada por la tecnología. Aunque me hubiera gustado saber el pasado de la
madre, no para justificar su sobreprotección, sino para entender porqué le
llevó a ser así de preocupada con su hija desde que esta nació.
El ritmo de la trama es bastante bueno para mantener al
espectador enganchado. Va tirando pequeñas escenas de acción para llegar a la
más sangrienta y shockeante de todo el capítulo, cuando la hija pega a la
madre.
El único punto negativo que le daría al capítulo es que lo
de las drogas estuvo fuera de lugar o más bien bastante exagerado.
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